SAN ILDEFONSO DE TOLEDO

San Ildefonso de Toledo es el patrono de nuestro Colegio y todos los años durante la semana del 23 de enero recordamos su figura. A través de las reflexiones de la mañana, con todos los alumnos, damos a conocer algunos retazos de su biografía y su importancia como patrono de nuestro Centro. También reflexionamos sobre algunos elementos importantes en la vida de San Ildefonso, que quedan reflejados de manera simbólica en el escudo de nuestro colegio.

LA HISTORIA DE NUESTRO LOGO

Según el diccionario un escudo/emblema es “algo que es representación simbólica de otra”. Nuestro escudo es un conjunto de representaciones simbólicas, que encierran una gran filosofía para la vida, y en provecho de las personas que tienen contacto y se sienten familia a través del colegio.

Si desgranamos cada una de sus partes encontramos unos cuantos detalles que nos pueden hacer pensar….
Se encuentra dividido en cuatro partes por los destellos que nacen de la ESTRELLA LASALIANA, símbolo por excelencia del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La estrella aparece en todos los emblemas de la Salle en el mundo y es referencia para todo el que se siente lasaliano.

EL LIBRO

San Ildefonso desde muy joven destaca por su aplicación, interés y aprovechamiento de los estudios que realiza en Sevilla bajo la dirección de San Isidoro, un gran pensador y recopilador de la cultura de la antigüedad.

Hoy el icono del libro, es una llamada a cultivarnos a través de las ciencias y las letras para ser hombres y mujeres del futuro, y al servicio de una sociedad que necesita personas creativas, y bien formadas. La persona es un todo y no se puede dividir en sectores, por eso debemos estar abiertos y poner todo nuestro empeño para prepararnos para el ejercicio de una profesión, para educarnos ante nuestra responsabilidad en los distintos problemas sociales, para conseguir una formación moral sólida que nos ayude a desenvolvernos en un futuro cercano.

LAS ABEJAS

Profunda fe, constancia en el estudio y aplicación en el trabajo…. fueron rasgos visibles en la vida de San Ildefonso. Las abejas en nuestro escudo significan eso mismo, el esfuerzo que realizamos diariamente por aprender, el empeño y la entereza ante un trabajo bien realizado.

EL TEIDE

Símbolo de nuestra cultura canaria, presencia constante e irremplazable a través del tiempo y de la historia… Domina en el paisaje y es referencia para caminantes… Así quiere ser el Colegio La Salle – San Ildefonso, referencia para sus alumnos por el estilo de sus relaciones, por la colaboración constante entre todos los que formamos la comunidad educativa. Quiere ser un espacio abierto al encuentro, al trabajo, a la creatividad…

FRANJA

Tomada de la bandera de la ciudad donde se encuentra el Colegio, Santa Cruz de Tenerife. Se integra en el Escudo porque el Colegio no es algo aislado , su razón de ser son las personas de esta ciudad. Desde la calle Ferrer hasta la Avenida de La Salle, desde 1910, año en que se fundó, el colegio de San Ildefonso ha sido parte viva de la Ciudad, motor de actividades y centro docente por el que han cruzado y se han formado generaciones y generaciones de tinerfeños. Nosotros somos el futuro de Santa Cruz, y dentro de pocos años, nos tocará ser fermento entre las gentes de nuestra hermosa ciudad.

HIMNO A SAN ILDEFONSO

 

Gloria a ti, celestial Ildefonso
capellán de la Virgen egregio,
titular del glorioso Colegio
que te elige por santo Patrón.

Desde el cielo míranos piadoso
a maestros y alumnos con gloria,
celebrar tu bendita memoria
y pedir tu eficaz protección.

Gloriosísimo Ildefonso
juntos ante los altares,
tus queridos escolares
te pedimos con fervor:
en la lucha, la victoria,
en las penas el consuelo;
y al morir llegar al cielo
a cantar siempre al Señor.

BIOGRAFÍA

De padres nobles, vino al mundo San Ildefonso a principios del siglo VII y fue educado en la escuela Isidoriana de Sevilla. Muy pronto manifestóse en él su recto carácter, su espíritu recatado, su afecto a la vida monástico. Sus padres se opusieron a su vocación. Para defenderla, tuvo que huir del hogar. El padre, montado en cólera, sale de su palacio, con brillante escolta, en su persecución y búsqueda, pero sus pesquisas resultan inútiles; Ildefonso ha logrado refugiarse en el monasterio de Agali. Allí ha suplicado su admisión, con llanto de sus ojos. El abad reunió a todos los monjes, que unánimemente apoyaron la súplica. Ha vestido el hábito de San Benito.

San Ildefonso de Toledo

San Ildefonso de Toledo

Si sus maestros anteriores, San Eladio de Toledo y San Isidoro en Sevilla, habían sido cautivados por el suave porte de Ildefonso y por su amor a las ciencias sagradas, ya en sus primeros estudios, ahora, entregado plenamente a ellas, en la dulce paz del Monasterio, cabe las alamedas del Tajo, atraerá mucho más la admiración de todos por la delicadeza de su espíritu y por su pasión cada día creciente hacia los libros y su avidez de toda suerte de conocimientos dignos.

Sus rasgos característicos pronto le hacen destacar entre los demás monjes: constante atención y casi incesante tensión contemplativa, entrega cordial al estudio, andar grave, perfil ascético, estatura majestuosa… Pero muy pronto maravillosos frutos de su vitalidad espiritual: escritos sazonados, profundos, sobre todo el «Libro de la Virginidad de María», canto impetuoso y rutilante contra los negadores de la perpetua integridad de la Madre divina.

Todos le miran ya como un portento de saber. No es de extrañar que sea pronto elegido abad del Monasterio, que por él será regido durante largos años, con pulso firme, prudencia y certera clarividencia… Y ello justifica que al fallecer en el año 657 San Eugenio, arzobispo de Toledo, todas las miradas del clero, de los fieles, y aun de la corte, se fijen en un solo varón para la sustitución adecuada del gran prelado; y al monasterio agaliense se dirigen para recabar del abad Ildefonso cl consentimiento a ocupar la silla famosa. Se resisten la humildad, la sencillez, el amor al recogimiento, del requerido. Mas cuando comprende ser la voluntad de Dios su aceptación, accede con abierta simplicidad.

San Ildefonso por El Greco (h. 1597-1603)

San Ildefonso por El Greco (h. 1597-1603)

La consagración del nuevo metropolitano se celebra en la Catedral toledana el 26 de noviembre del apuntado año.

Su labor pastoral fue suave y enérgica a la vez. No olvidó ni desatendió lo más mínimo su vida interior: su apostolado mariano, su trabajo intelectual. Salen de su lengua y de su pluma lindezas tan exquisitas, que, aun transcurridos trece siglos, paladearlas constituye un gozo místico intenso.

Su libro «Caminando por el desierto», escrito para descubrir a los bautizados la senda que conduce a la soledad interior, es, sin haberlo pretendido, un comentario original al «Cantar de los Cantares». Y su prosa, admirable, podría decirse que inspiró, nueve siglos más tarde, los paralelismos y transposiciones que San Juan de la Cruz emplea en versos para su «Cántico Espiritual».

Otras obras de tan fecunda pluma, llegadas hasta nosotros, pues algunas se han perdido o nos son desconocidas: la continuación del libro de los «Varones Ilustres» de San Isidoro, documento el más precioso y completo para el conocimiento del Episcopologio toledano; el «Tratado sobre el Bautismo» y diversas cartas y composiciones litúrgicas.

El pontificado de San Ildefonso duró nueve años y dos meses. Casi sin enfermedad, más bien transportado por misteriosos arrobamientos, que no pueden llamarse agonía, fallecido de puro amor y por amor, subía a la Gloria en la madrugada del día 23 de enero del año 667. No pasaba mucho de sexagenario.

Se ha dicho justamente que sobre su sepulcro de la Basílica de Santa Leocadia, donde, en observancia de una tradición prelaticia toledana, fue inhumado, se podía haber puesto como epitafio el elogio formulado por su más antiguo biógrafo «Sol de España, antorcha encendida, áncora de la fe». (Hay que advertir que, a mediados del siglo VIII, para salvar el venerable cuerpo de la persecución de Abderrahmáán I, los fieles lo trasladaron a Zamora, donde se conserva.)

Apto es el elogio indicado. Sin embargo, no abarca el resplandor de tan inmortal figura. Párrafo aparte se impone para poner de relieve la más típica fulgencia con que deslumbra nuestros ojos devotos.

Hincapié especial merecen la devoción y dedicación de nuestro Santo a cuanto atañe al culto y amor de la Celestial Señora. Digamos aquí que la fiesta del 18 de diciembre, hoy de Nuestra Señora de la Esperanza, fue establecida por el X Concilio de Toledo, como translación del día de la Encarnación a ruegos y propuesta del entonces todavía abad de Egali. El Concilio no sólo aprobó la propuesta, sino que encargó al mismo ponente la composición y redacción del oficio de la festividad de Santa María.

Los desvelos y amores de Ildefonso por la celeste Reina habían de tener premio adecuado: Una noche (la del 17 de diciembre) en que Ildefonso, ya arzobispo de Toledo, se dispone, como en años anteriores, a iniciar con solemnes maitines la Festividad de la Virgen, había de ser la escogida por la Señora para agasajar a su siervo.

«Antes de la llegada del rey Recesvinto, abrióse el atrio episcopal, saliendo el cortejo, presidido por Ildefonso que, a la luz de las antorchas, se dirigió a la catedral.

«Abiertas las pesadas puertas, los clérigos penetran en la basílica; mas de pronto advierten que les envuelve cierto celeste resplandor; sienten todos un pavor inaudito, dejan caer las antorchas de sus manos y huyen despavoridos; Ildefonso, sin embargo, dueño de sí y empujado por un estímulo interior, sigue animoso hasta el altar y postrado ante él, al elevar sus ojos, descubre a la Madre de Dios, sentada en su misma cátedra episcopal; alados coros de ángeles y grupos de vírgenes y santos, distribuidos por el ábside, formando la más espléndido corona a la Reina de los Cielos, modulan salmos y canciones; algunos clérigos huidizos tornan al templo en busca de su prelado, mas al ver tal espectáculo, sobrecogidos, vuelven a huir…

«María invita entonces al arzobispo Ildefonso a acercarse a ella y con dulces palabras, que recordará luego nuestro Santo con gozo inefable, alabando su amor, escritos y apostolado, le hace entrega, en prenda de la complacencia y la bendición divinas, de una vestidura litúrgica, traída de los cielos».

Desaparece la visión; mas queda en poder de Ildefonso, henchido de melifluas dulzuras, la vestidura celestial, el más preciado don y regalo de la Madre a su hijo.

No fue éste el único favor celestial y hecho milagroso gozado por el Santo; su entrega mística y contemplativa viose compensada con los más subidos carismas sobrenaturales; y otros muchos prodigios cuentan las crónicas de sus coetáneos; por lo que no es de extrañar que, desde Gonzalo de Berceo hasta Lope de Vega, las más gloriosas letras españolas hayan cantado la devoción de San Ildefonso a la Santísima Virgen, llegando a proclamársele «capellán y fiel notario» de María.

ORACIÓN A MARÍA DE SAN ILDEFONSO DE TOLEDO

 

(del Libro de la perpetua virginidad de Santa María)

Imposición de la casulla a San Ildefonso, Diego Velázquez, c. 1623

Imposición de la casulla a San Ildefonso, Diego Velázquez, c. 1623

 

A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro.
Me humillo ante la única que es madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo,
servirte a ti y a tu Señor.

A ÉL, sin embargo, como a mi Creador y a ti como madre de nuestro Creador;
a ÉL como Señor de las virtudes y a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a ÉL como a Dios y a ti como a Madre de Dios.

Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.

Concédeme, por tanto, esto, ¡¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!: creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnación; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tu llenes en mi con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno en tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.

¡¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un víínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!

Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificááis a este Dios como Hijo de Ella, tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor
con la excusa de honrar a Dios su Hijo.

Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mi de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo,
deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.
Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor;
lo que se da a la Madre redunda en el Hijo;
lo que recibe la que nutre termina en el que es nutrido,
y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey.

Por eso me gozo en mi Señora,
canto mi alegría a la Madre del Señor,
exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador
y disfruto con Aquella en la que el Verbo se ha hecho carne.
Porque gracias a la Virgen yo confio en la muerte de este Hijo de Dios
y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua,
ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad
por los siglos de los siglos.
Amén.

Visión de San Ildefonso, Peter Paul Rubens, 1630-1632

MILAGRO DEL ENCUENTRO CON LA VIRGEN

Visión de San Ildefonso, Peter Paul Rubens, 1630-1632

Una noche de diciembre, él, junto con sus clérigos y algunos otros, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la María, La Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de vírgenes entonando cantos celestiales. María hízole seña con la cabeza para que se acercara. Habiendo obedecido, ella fijó sus ojos sobre él y dijo: «Tu eres mi capellánn y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería.» Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los díías festivos designados en su honor.

Esta aparición y la casulla, fueron pruebas tan claras, que el concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición.

En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.